La leyenda del Kurote o “Mano negra”

La leyenda del Kurote y su mano peluda
La mano peluda del Kurote

Los yōkai son monstruos o fantasmas del folclore japonés que se caracterizan por ser poderosos y alardear de ese poder ante los humanos. La leyenda del Kurote, o “Mano negra”, nos habla de uno de estos yōkai; uno bastante impertinente, por cierto, que tiene la mala costumbre de hacer emerger su fea mano desde las aguas del inodoro y atacar a sus víctimas por donde menos lo esperan.

El origen de la leyenda del Kurote proviene de la península de Noto (Japón). Se sabe que este particular yôkai tiene un brazo cubierto de pelo negro y la mala costumbre de agarrar los traseros de quienes se sientan en sus inodoros.

La historia del Kurote

Hace muchos años, en la provincia de Noto, había un samurái llamado Kasamatsu Jingobei. Kasamatsu vivía en una casa grande y bonita. Un día su esposa fue al baño y algo extraño sucedió: cuando estaba usando el retrete, sintió una mano proveniente del fondo del agujero que le agarraba las nalgas.

La esposa de Kasamatsu salió corriendo y le contó a su marido lo sucedido. Éste desenvainó su katana y entró en el cuarto de baño con el coraje que caracterizaba a los samuráis. Se acercó al inodoro y vio el brazo peludo saliendo a través del agujero. Sin ningún miedo ni pudor, cortó la extraña mano y la guardó en una caja. El resto del brazo desapareció en la oscuridad del hoyo.

Los falsos sacerdotes

Varios días después el samurái recibió la visita de tres monjes. En realidad se trataba de tres yôkais, pero al estar con su apariencia humana, Kasamatsu no notó el engaño y los dejó entrar en su casa. El primer sacerdote le dijo: “Hay una extraña presencia en esta casa”.

La leyenda del Kurote
El Kurote recuperando su mano

El samurái, convencido de las virtudes de los tres hombres, sacó la caja donde guardaba la mano y se la mostró. Entonces el segundo monje dijo: “Esta es la mano de una criatura conocida como kurote, que vive en los baños humanos”.

El tercer sacerdote examinó la mano de cerca y exclamó de repente muy enfadado: “¡Esta es mi mano!”. Inmediatamente, se transformó en un horrible monstruo de unos tres metros de alto, cubierto de pelo negro. Tomó la mano y los tres se desvanecieron.

Algún tiempo después, mientras Kasamatsu regresaba a su casa a altas horas de la noche, cayó del cielo sobre él un extraño manto. Envuelto y sin poder moverse, fue levantado siete metros en el aire y lanzado violentamente contra el suelo. Cuando pudo reaccionar, se dio cuenta de que ya no tenía su katana. El kurote se la había arrebatado y no tardó en usarla contra él, para cortarle su mano.

“Ahora estamos a mano” dijo.

Fuente: Wiki El Bestiario

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