Poemas de Antonio Machado para niños, «Sueño infantil» y otros

En los poemas de Antonio Machado para niños se reflejan con claridad dos conceptos: esencialidad y temporalidad. Por un lado, el autor intenta ahondar en la esencia de las cosas (del hombre, del mundo). Por el otro, busca captar su fluir temporal.

Vemos en los poemas de Antonio Machado para niños ejemplos de esencialidad. Ésta es expresada por medio del estilo nominal. Por ejemplo, frases en las que hay ausencia de verbos. Ciertamente, Machado añade a estas ideas un matiz particular, diciendo que la poesía es “el diálogo del hombre, de un hombre, con su tiempo”. En definitiva, esto enlaza con el deseo de Machado de que el hombre y el poeta estén comprometidos con su tiempo.

Sueño infantil, de Antonio Machado
Sueño infantil, poemas de Antonio Machado para niños

Sin embargo, en el prólogo de su libro «Poesías completas», Machado expresa que: “Pensaba yo que el elemento poético no era la palabra por su valor fónico, ni el color ni la línea, ni un complejo de sensaciones, sino una honda palpitación del espíritu… lo que dice el alma si es que algo dice, con voz propia, en respuesta animada al contacto con el mundo”.




En los poemas de Antonio Machado para niños aparece una rica gama de sentimientos. Por ejemplo, la melancolía, la tristeza, la emoción, la pasión, el deseo o la rabia. Ciertamente, para Antonio Machado, la poesía es un sentir hondo, una intuición viva que surge al contacto con el mundo.

«Sueño infantil», poema de Antonio Machado

Una clara noche
de fiesta y de luna,
noche de mis sueños,
noche de alegría

¿Era luz mi alma
que hoy es bruma toda,
no eran mis cabellos
negros todavía?

El hada más joven
me llevó en sus brazos
a la alegre fiesta
que en la plaza ardía.

So el chisporroteo
de las luminarias,
amor sus madejas
de danzas tejía.

Y en aquella noche
de fiesta y de luna,
noche de mis sueños,
noche de alegría,

el hada más joven
besaba mi frente…
con su linda mano
su adiós me decía…

Todos los rosales
daban sus aromas,
todos los amores
amor entreabría.

«Recuerdo infantil», poema de Antonio Machado

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.




Biografía de Antonio Machado

Antonio Machado y Ruiz nació en Sevilla en el año 1875. En el año 1883, su familia se trasladó a Madrid. Fue allí que, Antonio, al igual que sus hermanos, estudió en la Institución Libre de Enseñanza.

Tiempo después, continuó el Bachillerato en los Institutos de San Isidro y Cisneros, terminando sus estudios a los 25 años. Al morir su padre, en 1893, y su abuelo, en 1895, la familia se vio en dificultades económicas. Por ese entonces, Antonio empezó a trabajar como actor teatral. En 1899 se trasladó, junto con su hermano Manuel, a París, donde trabajó como traductor. Allí entró en contacto con la vida literaria parisiense. Posteriormente, en una segunda estancia en París (1902), conoció a Rubén Darío, con quien formó mutuos lazos de admiración.

La publicación del libro Soledades (1903) lo reveló como un poeta extraordinario. Publicó numerosos poemas de Antonio Machado para niños.

Más tarde, en el año 1907, obtuvo la cátedra de francés en el Instituto de Soria. Allí pasó una etapa fundamental de su vida. En 1909 se casó con Leonor Izquierdo, una muchacha de 16 años. Tres años después ésta fallece en Soria, y Antonio, desesperado, abandonó la ciudad castellana y se trasladó a Baeza.

Sus últimos años

En 1919 se trasladó a Segovia, donde desarrolló una intensa actividad de cultura popular. Fue elegido miembro de la Real Academia Española en 1927. En ese entonces, conoció a Pilar Valderrama, la Guiomar de sus últimos poemas amorosos. Tiempo después, en el año 1931, obtuvo una cátedra en el Instituto Calderón de Madrid.

Finalmente, en Madrid lo sorprendió la guerra. Siendo un firme partidario de la República, tuvo que trasladarse a Valencia. En un pueblecito vecino, Rocafort, vivió y escribió en defensa de su España. En 1938 viajó a Barcelona, para refugiarse al año siguiente en Francia con su madre. Por último, ambos, muy enfermos, fueron acogidos en un pequeño hotel de Collioure, donde ambos murieron al poco tiempo.

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